En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¡Para ti! —gritaba.
—¡Para este bote, ladrón de mujeres! —respondÃa el prÃncipe.
—No te atreves a descubrirte.
—Y tú tienes miedo.
—¡Yo que he desafiado al tiburón para salvarte!
Amali, impaciente por terminar con su rival, atacaba siempre; veÃa con terror acercarse cada vez más el crucero inglés y temÃa ser cañoneado. Sus hombres, afortunadamente, habÃan cobrado de pronto ventaja sobre los del prÃncipe y estaban ya para arrojarse a la chalupa después de haber herido a más de la mitad.
—¡Acabemos! —gritó Amali.
De un tremendo golpe hizo saltar de manos del prÃncipe la cimitarra, y luego tiró una cuchillada.
La hoja hirió al joven en el costado derecho, tumbándolo ensangrentado sobre cubierta.
—¡Huyamos! —gritó Amali—. ¡Los ingleses están ahÃ! Y sus marineros, que habÃan arrojado ya a su nave a los guerreros de Manaar, volcaron con un vigoroso empuje la barca de los adversarios, cayendo al agua todos, vivos, muertos y heridos, después de lo cual cazaron rápidamente las velas, mientras el rey de los pescadores levantaba al joven, prÃncipe desvanecido y lo entregaba a Durga.
—¿Lo arrojo al agua? —preguntó el segundo.