En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas »El general, conociendo que sus protestas resultarían vanas, se dejó llevar sin oponer la menor resistencia, mientras el príncipe salía a colocarse en un balcón del palacio, desde donde quería asistir al suplicio que había ordenado.
»El preso fue conducido al patio de los elefantes en cuyo centro había colocado un enorme tajo.
»Desnudo de cuerpo, apenas cubierto por unos calzones de tela, fue arrojado sobre aquel tajo de manera que quedase bien sujeta su cabeza.
»Un momento después, “Munin”, el enorme elefante, entraba montado por un mahout[4], que habiendo recibido ya órdenes para el suplicio del desventurado general, debía dejar obrar al gigantesco animal.
»Este, apenas vio a su víctima, lanzó un berrido espantoso y se precipitó contra él, con la trompa en alto y los ojos inyectados en sangre.
—¡Déjale hacer a «Munin»! —gritó el príncipe.