En las montanas de Africa
En las montanas de Africa ¡Socorro... ! ¡ Ribot... ! ¡Socorro... ! Y se desmayó, mientras una mancha de sangre se extendió rápidamente por la guerrera.
Afta disponiase a huir, cuando la puerta se abrió y compareció el sargento.
—¿Qué has hecho, desgraciada? —preguntó aterrado a la joven, que permanecía inmóvil, levantando el brazo, pronta a defenderse de cualquier agresión.
—El Rayo del Atlas ha librado al bled de su verdugo—respondió Afza, con fiereza.
—Y ahora, ¿qué hacemos?
—Huyamos todos.
—Yo no.
—Como quieras.
¡Qué noche más infernal!
Afza iba a huir, cuando el sargento la detuvo con imperioso ademán.
—Espera un momento, terrible.mujer — dijo—. ¿Acaso quieres que te fusilen los centinelas? Aproximóse al subteniente, que parecía muerto, y le desabrochó rápidamente la guerrera.
—¡Demonio! — exclamó—. He aqui una puñalada certera.
Cogió de la mesa un par de servilletas, con las cuales vendó la herida, y luego dijo a Afza, que miraba friamente a su víctima: