En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Te advierto que si te descubren nadie tendrá compasión de ti; ni de tu juventud ni de tu hermosura. Si en lugar de haber acudido yo, hubiese acudido otro, dormirÃas dentro de ocho dÃas bajo tierra con algunas balas dentro del pecho, SÃgueme.
—¿A dónde me conduces? ¿A alguna celda de castigo?
Ribot encogióse de hombros.
—Yo no hago traición a los amigos del bled —dijo.
—¿Y los demás?
—Han arrancado. los barrotes y esperan ocultos tras tus maharis.
—¿Morirá? —preguntó señalando al subteniente:
—¡Quién sabe! Pero démonos prisa y aprovechemos este momento de tregua antes de que vuelva en si. Ven; el tiempo favorece la fuga.
En aquel momento, un trueno espantoso retumbó entre las nubes, haciendo temblar los cobertizos y el blanco edificio de los suboficiales. Se desencadenaba la tempestad.