En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —No bromees, camarada.
—Estoy serio corno un fiscal que pide treinta años de presidio para un pobre diablo que ha degollado a media docena de personas.
—Acaba de una vez, charlatán.
—Desde ahora no pronunciaré ni una palabra más.
—Si asà lo hicieses, me causarÃas verdadero placer.
Hassi precedÃa a los dos amigos, abriéndose paso entre los altÃsimos matorrales que cubrÃan los flancos del barranco. De cuando en cuando, detentase para oÃr, luego continuaba el descenso, separando las ramas con el cañón del fusil. Habla llegado ya casi al fondo, cuando se paró bruscamente. El conde y el toscano, sorprendidos, apuntaron. Transcurrieron algunos minutos, después de los cuales, el conde, que conservaba una sangre frÃa maravillosa, preguntó:
—¿Qué has visto, Hassi?
—Estoy seguro de que se halla all×respondió el moro, señalando una mata.
—¿Quién? — interrogó con soma el italiano —. ¿El fiscal?
—La pantera.
—Es lo mismo. El árabe se encogió de hombros y contestó sonriendo con benevolencia: