En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Gracias, conde — dijo el toscano, poniéndose en pie con presteza—. ¡Por Baco! Esta bestia tenÃa el alma bien unida al cuerpo. Sin embargo, me parecÃa haber hecho buen blanco.
—Son animales feroces, amigo mio —repuso el húngaro—, por lo pronto tienen la piel muy dura y no siempre caen al primer disparo, ¿Estás herido?
—Ni un arañazo.
—Puedes llamarte afortunado.
—Habrá algunas panteras más en este barranco?
—Pequeñas, con seguridad.
—A las cuales yo estrangularé.
—Son gatos peligrosos. Te aconsejo que los decapites con tu yatagán. Hassi, ¿podemos hacer descender a los maharis y a Alza?
—Por ahora no hay peligro alguno —repuso el moro—. Arul
—Señor.
—¿Ves los espahis?
—TodavÃa no.
—¿Y el agua?
—Me parece que continúa extendiéndose.
—Métete en el barranco y cuida de que los maharis no se destrocen las patas. Si los perdemos no nos seria posible llegar a la cuba de Muley-Hari.
—Yo responde de ellos.