En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPITULO XI
Aquel barranco, que parecía el lugar predilecto de los animales feroces, ofrecía un espléndido asilo a los fugitivos, puesto que estaba encajado entre dos altísimas paredes rocosas y cubierto ademas de plantas que no ocultaban tan sólo a los hombres, sino también a los maharis arrodillados. Aunque los espahis enviados a la persecución de los dos legionarios y de Afza hubiesen llegado a aquel grupo de colinas, difícilmente habrían logrado descubrir a los que querían aprehender.
Lo primero que hizo Hassi fué cerciorarse de si efectivamente existia una familia de panteras, pues podían haber alcanzado cierto desarrollo, y ser en extremo peligrosas. DIriglóse, seguido del conde y del toscano, hacia la extremidad del barranco, y procedio a una rápida exploración, la cual dió por resultado el descubrimiento, en el fondo de una cavidad, de dos o tres panteras de pequeño tamaño.
—Nos conviene desembarazarnos de estos animales—dijo el moro, empuñando su yatagán.
—Diriase que son gatos —observó Enrique.
—En efecto, son gatos— muy peligrosos.
Y dichas estas palabras, hundió, repetidas veces el yatagán en el vasto agujero.
