En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Ya está—dijo después de algunos minutos, arrojando violentamente dos animaluchos, iguales en tamaño a los gatos comunes y de piel rayada, de un color casi azulado.Toda la familia ha sido destruida; ahora podemos tomar tranquilamente posesión del barranco.
—Un verdadero palacio,— contestó el toscano, en son de burla.
—Que en los momentos actuales vale más que el mejor castillo de los Carpatos,dijo el magnate.
—SI, porque está muy lejos y además ha dejado de pertenecerte respondió el ex abogado.
—Es una verdad muy dolorosa, amigo — suspiró el magiar, ¡Bah! No pensemos en cosas que a nadie interesan.
Entretanto, Aru habla abierto un pasaje a los mahris y los habla empujado contra la pared rocosa, obligándoles a arrodillarse, después de lo cual extendió un par de tapices ante la cueva de las panteras, para que Afza pudiera echarse sin riesgo de mojar sus vestidos en el fondo del barranco, inundado todavÃa dé agua.
—¿Estás cansada, pobre amiga mÃa? — preguntó el conde a su consorte—. La noche ha sido larga y demasiado llena de emociones. Descansa y trata de dormir, mientras vamos a dar una ojeada por la llanura.
—¿Cómo podria dormir, sabiendo que mi señor corre tan grave peligro? repuso el Rayo del Atlas con su voz armoniosa.