En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Aru diriglase, entretanto, hacia donde se hallaban los espahls, los cuales, al advertir su presencia, reuniéronse rápidamente y se lanzaron en persecución del fugitivo, gritando y disparando al aire, con la esperanza de atemorizarlo, algunos tiros de revólver. La imprevista aparición de aquel hijo del desierto, como creÃan los soldados, habÃa infundido graves sospechas a Bassot. ¿De dónde podÃa venir, hallándose el sur cubierto completamente por la inundación? Tal fué la primera pregunta que se hize el sargento. ¿Y por qué huÃa, sin obedecer a las intimidaciones de los soldados? ¿Por ventura no estaba obligado todo indÃgena a detenerse? La caza empezó con gran ardor por parte de los espahis, pero el mahari corrÃa con la velocidad del relámpago, y en pocos minutos se vió fuera del alcande de sus balas.
—He aquà un espectáculo interesante —dijo Enrique—. Me parece estar en las carreras. ¡Pobre Bassot! Esta noche explotarás como una bomba cargada de rabia feroz.
—Y desahogará su cólera brutal contra los detenidos en las celdas de castigo agregó una voz a sus espaldas.
—¡Hola, conde! ¡Buenos dÃas, Rayo del Atlas!