En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Hassi, después de asegurarse con la mirada de que todo estaba dispuesto, lanzó un estridente silbido. Los siete maharis dieron la vuelta a la colina y se lanzaron en desenfrenada carrera a través de la llanura, La luna habÃa aparecido tras la gran cordillera del Atlas e iluminaba el camino con rayos de una intensidad extraña. Ni un ser viviente se advertia en aquella planicie ilimitada, que no parecÃa tener fin. Chacales, hienas, leones, panteras, habÃan huido de la inundación, retirándose hacia el norte o hacia las altas montañas que sirven de frontera al gran desierto.
De pronto el mahari de Hassi se detuvo entre dos lineas de matorrales altÃsimos.
—¿Se ha roto una pata? — preguntó Enrique,
—Un mahari no cae nunca sobre las arenas en que ha nacido respondió Hassi. Además, continúa de pie.
—¿Por qué se ha parado, pues?.—interrogó el magnate.
—El lo sabrá.
—¿No ves nada ante ti?
—Por ahora no, hijo mÃo. ¿Están cargados vuestros fusiles?
—He aquà una pregunta sospechosa —dijo el toscano. Me parece a mà que este moro lo sabe todo y no quiere decir nada.