En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Quizá menos de lo que creemos.
—Bien. —¿Tienes un lugar seguro donde podamos ocultarnos?
—Si, amigo. Nosotros somos más astutos que los frangis. ¿Te sigue algun hombre fuerte?
—Presente—dijo el conde, que conocÃa perfectamente el árabe.
El marabuto levantó un tapiz que estaba colocado en el centro de la sala y apareció un anillo de hierro, de regular tamaño. Agarróse a él el conde, y después de algunos esfuerzos consiguió alzar una losa que tenia casi un metro cuadrado.
—He aquà el sepulcro de Sidi-Amar el santón— dijo Hassi, señalando una escalera de piedra que descendÃa a un subterráneo.
—¿Y nosotros tenemos que bajar a este sepulcro? preguntó el italiano, que también comprendÃa el árabe.
—Los espahÃs no osarán turbar el reposo del santo, porque las leyes lo prohiben — dijo el marabuto—. O refugiarse aquà o dejarse atrapar; escoged.
—¿Y no nos ahogaremos cuando hayas colocado en su lugar la losa? —interrogó el magiar.
—Nuestros refugios han sido construidos por hombres que pensaron én todo. El aire circula dentro del sepulcro, conducido por tubos de plomo ocultos en el suelo.