En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¿Y los maharis?
—¿Acaso no puedo yo criar camellos? ¿Quién me lo prohibe? Quitadles las sillas, las provisiones, todo cuanto pueda revelar vuestra presencia y no os ocupéis de mÃ. Pronto. Me parece oÃr en lontananza el galope de muchos caballos.
Aru, Enrique y el moro se lanzaron fuera y quitaron a los camellos, arrojándolo, después al sepulcro, sillas, gualdrapas, cinchas y saquitos llenos de viveres. Entretanto el marabuto habÃa sacado de un cofre dos lamparas de cobre, las cuales, asà que las hubo encendido, entregó al conde.
—Descended—dijo.
—¿Y si los espahis descubren el anillo, no levantarán la piedra? —preguntó inquieto el magnate.
Hari sonrió.
—Cuando hayáis bajado al sepulcro, desaparecerá el anillo y la losa se ajustara al pavimento de tal manera, que engañara al hombre más malicioso y astuto. ¿Estáis dispuestos?
—Si—respondieron todos a una.
—Bajad, pues.
—Vayamos a hacer un poco de compañia al santón — dijo el Italiano —. Alá quiera que su muerte haya ocurrido hace muchos años, para que su carne no despida malos olores.