En las montanas de Africa

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La serpiente se arrastró hacia el marabuto, agitando la cola con aire de fiesta y se enroscó en él, enseñando la lengua bifurcada. 

—Adelante los leffas — continuó el marabuto, con voz dulcisima —. También vosotros sois buenos para los espahis. Una mordedura basta para que el hombre vaya a encontrar las huríes de Mahoma, si es musulmán, o el paraíso de los cristianos, si es que existe. Esa gente no verá nunca las espléndidas huríes que el gran Profeta nos ha prometido. ¡Están malditos! Adelante los leffas. 

Seis o siete serpientes salieron fuera, arrastrándose alegres sobré el pavimento y se enroscaron como el burnen-fak ante el marabuto. 

—Es un buen obsequio para los espahis —dijo el sacerdote, riendo—. Os preparo, amigos queridísimos, un recibimiento digno de vosotros. Pero tengo todavía una cobra que es terrible para el que no pertenece a nuestra secta. ¡Adelante tú también, Kafir! Duermes demasiado. 

Silbó sumisamente de distinta manera, y una soberbia serpiente larga, de unos tres metros, de color verdoso y negro, que tenla alrededor de los ojos un circulo amarillo que, poco más o menos, representaba un par de anteojos, salió de uno de los cestos y se encaminó solícitamente hacia el marabuto, alzando y bajando una especie de capucha que le cubría la cabeza. 


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