En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Tengo aun algunas dudas. ExplÃcame, ¿por qué razón estos animales tienen el pelaje más ralo, en el lugar de la silla?
—El que me los ha vendido puede haberlos usado corno monturas.
—¿Quién te los ha vendido?
—Un cabileño de la montaña.
—¿Cuándo?
—Hace tres meses.
—¡Hum! — hizo el sargento, sacudiendo la cabeza y demostrando impaciencia.
—Te lo juro, señor, por los huesos del santón que reposa en mi cuba.
El marabuto podÃa jurar por aquel hombre tantas veces como le diera la gana, pues en el sepulcro no habia más que armas de todas clases destinadas a los senussis. No obtante, sus palabras impresionaron a Bassot, al cual le parceló imposible que un musulmán convencido y religiosisimo se permitiese jurar en falso sobre su santo patrón.
—Es posible dijo—. Pero de todos modos no estoy todavÃa persuadido de lo que me afirmas. Basta de charla, y vamos al grano. Dime: ¿a quién has ocultado hace pocas horas en tu sepultura?
Estremeciáse el marabuto. A duras penas pudo contener su emoción.