En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Muley-Hari no puede habernos abandonado —dijo el moro —. Hace muchos años que lo conozco; a más, tiene para conmigo, como ya os dije, deudas de reconocimiento.
—¿Y si le hubiera sucedido alguna desgracia? —preguntó Enrique que, en lugar de tranquilizarse, se mostraba cada vez más preocupado.
—¿Habéis oÃdo vosotros algo, frangis?
—No — respondieron a una los dos legionarios.
—Entonces nada grave puede haber ocurrido—dijo el moro—. No obstante, será mejor asegurarse.
—A más de todo esto hay una cosa que ya le he dicho al conde. ¿Cómo podrá tu amigo levantar por si solo la piedra?
—¿No están con él nuestros maharis? Con una cuerda, pasada por el anillo y ligada a cualquiera de nuestros animales, la losa desaparecerá sin mucha fatiga.
Enrique respiró con más libertad.
—Ahóra— dijo empiezo a estar un poco más tranquilo.