En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —La única probabilidad de salvación que nos queda es abrirnos un pasaje bajo la cuba.
—Construyendo una especie de túnel, ¿verdad? — agregó Enrique.
—Es la sola esperanza que nos resta. De lo contrario, ninguno de nosotros saldrá vivo de esta tumba.
—¿Y si Muley volviese? —observó el moro.
—La prudencia nos aconseja que dejemos de contar con él, ¿Cuántos dÃas pueden durar los vÃveres?
—Siete u ocho por lo menos—respondió Hassi.
—En una semana podemos terminar el trabajo, gracias a la humedad y poca consistencia del terreno.
—¿Crees lograrlo, conde? — preguntó Enrique
—No desespero, tanto más disponiendo de armas cortantes que nos ayudarán en la empresa. Descendamos de nuevo para tranquilizar a Afza.
—Antes voy a lanzar otro grito, camarada.
Y por espacio de uno o dos minutos estuvo llamando a Muley-Hari a voz en cuello, sin conseguir más que enronquecerse.
—Mucho mejor hubiera sido continuar nuestra carrera en lugar de refugiarnos aqui— dijo—Si de ésta logro escapar, me consideraré un hombre inmortal.