En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —He aquà el ángel del Neri—dijo el italiano, siguiendo con la vista al jinete—. A no ser por ese hombre, quién sabe cuántos pobres disciplinarios hubieran sido fusilados sin misericordia.
—¿Cómo estás, hijo mio? —preguntó Hassi al conde, que se apoyaba en las ruinas de la cuba, como si las fuerzas le hubiesen abandonado por completo.
—Debo haber perdido mucha sangre—respondió el húngaro—, porque me siento extremadamente débil.
—Te arreglaremos una cama con los tapices — agregó Hassi-el-Blac—. Mientras no nos amenace algún peligro, nosotros permaneceremos aqui. Allá dentro hace demasiado calor. Muley, tú debes guardar algunos lienzos, ¿verdad?
—Tengo varios que me regaló el jefe de una caravana. No se encuentran en muy buen estado, pero creo que bastarán para resguardamos del sol.
—Ayúdame entonces, y tú, Afza cuida a tu señor y dale de beber cuando te lo pida. La fiebre no tardará en sorprenderle.