En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¿Para regalarme una pipa? -- preguntó Ribot, sonriendo.
—No, un sable de honor.
—No soy oficial.
—¡Qué bestia soy! QuerÃa decir un espadÃn.
—¡Hum! Temo aguardar demasiado tiempo.
—Decidámonos—dijo el conde, que palidecÃa intensamente, como si fuera a perder los sentidos.
—Pronto queda decidido—respondió Ribot—. Vosotros permaneceréis aquà hasta que yo venga a deciros que podéis continuar el 'viaje. No abandonéis este refugio, suceda lo que suceda. ¿Has comprendidó, Hassi-el-Blac?
—Si, frangi — contestó el moro.
—¿Tenéis vÃveres suficientes para pasar algunos dÃas?
—No nos faltan provisiones.
—La fuente está muy cerca—dijo Ribot —, y podréis aguardar tranquilamente mi regreso. Voy a partir, amigos; he perdido ya mucho tiempo y no me será fácil hallar a ese bribón de Bassot.
Llamó con un silbido a su caballo, estrechó la mano a todos y se alejó a galope, dirigiéndose hacia el sur.