En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Tenéis razón, Ribot. AsÃ, podréis informarnos de los movimientos de nuestros perseguidores.
—Eso mismo habÃa imaginado, conde — respondió el sargento. Si he resuelto ponerme en campaña ha sido con el único objeto de seros útil. Tan sólo cuando os encontréis entre los senussis, podréis consideraros, por lo menos seguros.
—Llegar al Atlas andando, será algo difÃcil — dijo Hassi —. Particularmente ahora que el conde está herido y que los espahis ocupan la linea del Sur
—No os aconsejo abandonar por ahora la cuba—respondió Ribot—. El sepulcro del santón será siempre para vosotros un refugio seguro. Además, tengo una idea.
—¿Cuál? — preguntó el toscano.
—Hacer correr en vano a Bassot e irritar al subteniente.
—Eres un buen camarada.
—Procuraré, ante todo, llevar muy lejos a Bassot, a fin de que os deje libre el camino. Supongo que apenas lleguéis a los primeros pueblos cabileños, hallaréis, si no maharis, por lo menos caballos.
—iPor Baco! — exclamó el leguleyo—. Si logro salir vivo de este infierno que se llama Argelia y regresar a Livorno, te juro, compañero, que iniciaré una suscripción en todos los periódicos para recoger los fondos necesarios...