En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPĂŤTULO PRIMERO
—Adelante, ¡por la muerte de Mahorna y de todas sus hurĂes!
—No podemos más, sargento.
—¡Como! ¡Os atrevéis a replicar, bribones!
—Queréis matarnos, sargento.
—Reventad de una vez, canallas. ÂżPor ventura creiais hallar en las legiones disciplinarias argelinas, abanicos, refrescos y palmeras bajo cuya sombra poder dormir la siesta? Adelante, por la muerte de Mahoma, de lo contrario os envĂo a todos ante el Consejo Superior de Guerra.
—No podemos más, sargento — repitieron varias voces roncas, que no parecĂan tener nada de humano.
—El subteniente nos observa y yo no quiero que por causa vuestra me encierren. Unas cuantas carreras más, si no queréis que os haga arreglar los huesos por el querido Steiner, que, como ya sabéis, no tiene los puños delicados.
Entonces alguien gritĂł:
A ese infame lo mataré yo. ¡Lo he jurado, sargento!
—¿Quién ha hablado?
Nadie respondiĂł.
—Adelante y a la carrera, os he dicho. El subteniente nos vigila.
