En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Después de haberse destrozado entre ellos, se han dormido — murmuró. Considerando, pues, que no hay animal racional ni irracional que sea peligroso cuando, duerme, voy a animarme un poco y ver lo que sucede en torno a esta maldita cuba que más bien parece pertenecer al diablo que a Mahoma. Adelante sin vacilar, o de lo contrario llevaré faldas en vez de pantalones, durante toda mi vida.
Y procurando no causar el menor ruido, subió el último escalón y sacó la cabeza por la abertura. No se habla engañado.
Chacales, hienas y leones dormÃan profundamente, uno al lado del otro, dentro y fuera de las ruinas de la cuba. Gracias a la tenue luz de la luna, Enrique pudo, con una sola mirada, abra-zar todo aquel campo de durmientes.
—!Voto a Satanás! — exclamó ¡De modo que estas fieras no quieren abandonarnos hasta que no hayan hincado sus dientes en nuestras carnes! Si con nosotros estuviese el canalla de Bassot, apostarÃa uno contra cÃen que a esta hora hubiese ofrecido, por lo menos a los leones, al marabuto y al viejo Aru. Pero nosotros somos más honrados y no les daremos más que balas en la mayor cantidad posible.