En las montanas de Africa
En las montanas de Africa A unos trescientos pasos de ellas deteniase una caravana formada por cuarenta camellos y media docena de caballos. Algunos hombres que vestían amplios mantos de lana obscura, habíanse desplegado ante la caravana y hacían un fuego infernal, semiocultos entre los matorrales.
—Beduinos o tuaregs, poco importa — respondió Enrique —. Como no son los espahis del canalla de Bassot, podemos tomar parte en la batalla y ayudar a esos valientes ¡Fuego, amigos!
Resonaron cuatro disparos, seguidos al poco rato de otros tantos.
Al oír aquellas detonaciones, los beduinos suspendieron por un instante su fuego, temiendo hallarse ante bandidos prontos a poner las manos sobre sus mercancías. Pero al advertir que aquellos individuos que parecían salidos de la tierra, dirigían sus tiros hacia la fuente y no hacia ellos, apresuraronse a reanudar vigorosamente el fuego.
Las fieras, cogidas entre dos fuegos y asustadas por las pérdidas que sufrían, decidiéronse por fin a abandonar el campo. Después de haberse dispersado en distintas direcciones, se reunieron formando una columna larguísima y desfilaron corriendo desenfrenadamente ante la caravana, saludadas por una descarga cerrada que hizo morder el polvo a muchas de ellas. Pocos instantes después hablan desaparecido.