En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Un esfuerzo más y estaban salvados, puesto que los espahis no se hubieran atrevido .a perseguirlos por aquello lugares donde sus enemigos podÃan destrozarlos sin disparar ni un tiro. Desgraciadamente les era imposible continuar la marcha y se veÃan, obligados a esperar hasta el dÃa siguiente, porque los maharis, cargados en exceso, andaban con gran dificultad y se hallaban rendidos de fatiga. Sin embargo, esos nobles animales, como si comprendieran la critica situación de sus dueños, no se detuvieron hasta bien entrada la noche. Los fugitivos levantaron sin pérdida de tiempo una tienda a orillas del rÃo y enviaron a Aru a pedir vÃveres a los beduinos.
Aun no habian terminado de cenar cuando oyeron en lontananza el sordo ruido del trueno.
—Procura abrir los ojos — observó el magnate No estoy del todo tranquilo. Difiérase que nos amenaza alguna espantosa desgracia.
—No te pongas pesimista—dijo Enrique—. Piensa que mañana nos encontraremos entre las selvas del Atlas.
—Quisiera que la noche hubiera transcurrido ya —No obstante, hay que reconocer que hemos calumniado gratuitamente a El-Madar, quien se ha enfadado con nosotros a causa de las bombas, pues no nos ha ocasionado el menor daño. Esto no quiere decir que deje de ser un canalla.