En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Hassi dió un violento tirón a la cuerda de su maharl, sin obtener la menor obediencia del animal.
—¿Dónde estarnos? — preguntó Hassi, con angustioso acento—. ¿Lo sabes tú, Muley?
—No veo más allá de la cabeza de mi cabalgadura —respondió el marabuto—; sólo sé que el terreno nos falta bajo los pies
—¿Hay arenas movibles por estos parajes?
—Sé que las hay junto a la falda del Atlante.
—Entonces estamos perdidos.
—Aún no nos hemos hundido. pero se hunde más y más.
—El mÃo también.
—¿No puedes hacerle variar la dirección?
—No; quizá no puede, aunque quiera. El marabuto hizo un ademán desesperado.
—¡Las arenas nos tragan! —Muley — exclamó de pronto el moro —; creo que ha llegado nuestra última hora.
El marabuto no tuvo valor para contestar. Miraba, aterrorizado, cómo se hundÃa su mahari.
Las piernas estaban sepultadas del todo y el vientre pesaba sobre las arenas traidoras. El de Hassi no se encontraba en mejores condiciones. El agua llegaba ya a sus flancos y lamia el ancho fondo de las dos cestas.