En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Muley repitió el moro—, ha llegado nuestro fin.
—Sólo Alá puede saberlo — respondió el marabuto, enjugándose el frÃo sudor que le bañaba la frente.
—Creo que Alá no se cuida de nosotros. Déjalo con el Profeta. Ambos nos han abandonado.
—No blasfemes en estos momentos supremos. El moro tuvo un ademán de rebelión, raro en un musulmán.
—No creo en nada, ni siquiera en el Profeta— dijo con airado acento ¿Ha velado sobre mi hija? ¿Veló sobre nosotros? En cambio proteje a esos miserables chacales del desierto.
—Calla, Hassi.
—¡Que me devuelva mi Afza! ¡Que me devuelva el frangi que se casó con ella! — clamó el moro. Sólo entonces creeré en su poder. ¡Ah! ¡Hija! ¡Hija mÃa! ¡Y no puedo correr en tu auxilio! ¡Maldito sea mi destino!
Un alarido de fiera herida salió del pecho del moro.
—iCálmate, Hassi!
—¿No ves que la muerte ya nos hace su presa? ¿Tú no sientes que afirme nuestros maharis? ¿El tuyo se hunde aún?