En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —SI— contestó el marabuto, con voz sombrÃa —; ya no puede moverse,
—¿Cómo resiste, pues, el mÃo?
—¿No se hunde más?
—No; se ha detenido.
—Quizá hay roca en el fondo del arenal.
A veces esto ha sido la salvación de los que caen en esos abismos insondables.
Hassi se habÃa inclinado a derecha y a izquierda y observaba la capa de agua que cubrÃa la arena. De pronto salió un grito de sus labios:
—Es la dote de mi hija lo que nos salva.
—¿Qué quieres decir? —preguntó el marabuto.
—Que los cofres, con su ancho fondo sostienen mi mahari y hacen que flote.
—Dichoso tú; el mÃo no cesa de hundirse. Mis piernas están ya hundidas hasta las rodillas.
Dentro de algunos minutos la arena me habrá cubierto y hablaré con el Profeta.
—¿Estás bastante cerca de mi para dar un salto y subirte a mi mahari?
—¿Y si mi peso te hunde?
—Moriremos juntos. Poco me importa ya la vida. Mi hija y el conde han sido asesinados por esos malditos, y ya no tiene objeto mi existencia.