En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —No tienes aún pruebas de su muerte. Puede que hayan caÃdo en manos de los beduinos, que quizá sabÃan lo ocurrido en el bled.
—Su suerte no cambiarla. Estamos a un paso del Atlante y en él se hallan las cabilas y los, senussis. Salta, pues, pero cuida de no caer en la arena, pues entonces no te podrÃa salvar.
—No soy joven, pero si ágil.
Muley-Hari se puso en pie sobre su camello y durante un momento balanceó los brazos pará darse aire; luego saltó y fué a caer sobre los hombros del moro.
—Alá nos protege— dijo el marabuto, que se acomodó lo mejor que supo detrás del moro.
—¿Si? replicó éste irónicamente.
—Mira cómo mi mahari se hunde y cómo éste se sostiene.
—¿Y a qué muerte estaremos nosotros condenados? A una muy atroz, porque carecemos de vÃveres.
—¿Qué sabes tú?
—.Y tú, ¿qué esperas?
—No lo sé; pero ya que el Profeta ha salvado tu mahari, no será para condenarnos a una muerte más horrible. Al fin y al cabo somos dos servidores suyos.