En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —PodÃas quedarte en el bled, porque maldita la falta que aquà haces.
—¿Y si te trajese buenas noticias?
—¿De quién?
—De los fugitivos.
—¿Tú?
—Yo, Ribot.
—¿Te burlas?
—Vengo del Norte, hace tres dÃas que corro a caballo y puedo haber recogido noticias que pueden hacerte obtener la recompensa prometida por el Gobierno y valerte un ascenso.
—¿Quieres entrar en mi tienda, camarada? Tengo una sola botella de ajenjo, la última por desgracia; pero la partiremos como buenos hermanos.
—Prefiero agua azucarada.
—Ve a beberla a Oran. Se nos acaban las provisiones. Si la persecución dura unos dÃas más; sentiremos hambre. Por fortuna ahora contamos contigo, que eres el gran cazador del bled y digno rival del conde húngaro, a quien Dios confunda.
—Entonces acepto tu ajenjo para esperar la cena.
Siguió al sargento bajo la tienda, mientras los soldados hacÃan hervir sus últimas provisiones en tres o cuatro calderetas.