En las montanas de Africa
En las montanas de Africa — ¡Ya... ! ¡Fiate de éstos:.. Por un céntimo venderÃan a su padre y hasta la tumba de Mahoma.
Luego, volviéndose hacia el beduino, le dijo:
—Vete; no necesitamos tus informes.
—Mi jefe...
—Vuelve a su lado y no te cuides de nosotros. El beduino comprendió que no soplaba buen viento para él; montó y se alejó hacia levante.
—Descanso hasta el alba — dijo Ribot a los espahis —. El bled está muy lejos y no conviene cansar a los caballos.
Los soldados se tendieron bajo las tiendas con la esperanza de echar un buen sueño. Pero al cabo de pocas horas fueron despertados par un fusilazo. Los dos sargentos fueron los primeros en salir, creyendo que se trataba de un ataque.
—¡Tomal —exclamó Bassot —; otro de esos gaznápiros. Veamos lo que nos dice este hombre. Abre los oÃdos, Ribot, porque creo que hiciste mal en no hacer caso del primer beduino.
—¿Quién te envÃa? —preguntó Ribot.
—Mi amo, el cheik El-Madar..
—¿Qué quieres?
—Me envÃa para decirte que los fugitivos acompañan su caravana