En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —No podrá alcanzarla hasta de aquà cincuenta o sesenta horas, porque la caravana está formada por camellos de carga.
—Entonces podemos descansar hasta mañana —dijo Ribot.
—¡Descansar! — gritó Bassot —; ¡tú quieres que se escapen!
—Y tú reventar nuestros caballos. Cuando no puedan andar, ¿nos prestarás tus piernas?
—¡Valientes pencos nos da el Estado! ¡Y luego quiere que prestemos servicios extraordinarios!
—Por hoy ya han hecho bastante. Vamos a dormir, y tú, beduino, duerme junto a tu camello. Mañana nos guiarás a donde está tu jefe.
Los espahis reanudaron su sueño, y lo propio hizo Bassot. Ribot quedó largo rato pensativo, fumando pipa tras pipa, El bravo provenzal pensaba en el mejor medio de salvar al conde y a Afza.
De pronto lanzó un suspiro de satisfacción. Habia dado con el medio que buscaba. Se levantó, guardó la pipa en el bolsillo y sacó un portamonedas de mallas de acero.
—Siete luises — dijo —; bastan para comprar él alma de dos beduinos.