En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¿De modo que también tú...?
—¿Qué? — respondió Ribot, en voz baja.
—Quizá me he engañado.
—Quizá si.
El maro le tendió la mano y le dijo conmovido:
—Eres un buen muchacho.
—Todos lo dicen— contestó riendo el sargento—. Adiós, amigo, y acuérdate que de tu prisa depende la suerte de tu hija, de tu yerno y de su amigo.
Se echó el fusil al hombro y se alejó casi corriendo, silbando entre dientes.
—Marchemos— dijo Hassi al marabuto. Vamos a ver a Sidi-Omar.
—La subida del Atlas no será tan fácil como crees, a causa , de estos cofres.
El caballo que los lleva no podrá resistir mucho rato.
—¿Quieres que los deje aqu�
—Los enterraremos en la garganta del Kedir— contestó Muley —. Los caballos de los espahis llevan un pico y una azada de mango corto para atrincherarse o levantar campamento, y pronto abriremos una zanja. Además, que no conviene aventurarse entre los cabileños llevando tantas riquezas.