En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Sidie-0mar, sucesor de Sidi-Mohamed, guardóse mucho de negar, la hospitalidad a Muley-Hari, pues sabía que los marabutos; además de ser los espías de la secta, eran los que guardaban en sus cubas, las armas para la guerra santa. Cuando llegaron los. tres viajeros, Sidi-Omar apuraba lentamente una tacita de aromático café, mientras un esclavo negro que llevaba tatuado en el pecho el nombre de Alá para dar a comprender a todos que pertenecla a la secta en cuerpo y alma, le prepataba el cibuc cargado de perfumado tabaco, regalo, sin duda, dél quedive de Egiptó. o del bey de Túnez. Sidi-Omar era un soberbio tipo de moro, alto, enjuto, pero vigoroso, con la piel ligeramente bronceada, los ojos negros y lucientes como carbunclos, y las facciones correctísimas. Como los demás afiliados, vestía tan sólo una sencilla camisa de franela blanca, anudada a la cintura por una faja de cuero amarillo. No llevaba ninguna joya, ni en las manos, ni en las orejas, ni en el cuello, pues está severamente prohibido a los senussis hacer uso del oro o de la plata, excepto en la empuñadura dé sus yataganes o cimitarras. Como ya hemos dicho; el poderoso jefe habia recibido cortésmenté a Muley Hari mostrando mucha deferencia hacia Hassi-el-Biac, apenas supo que descendla de los califas de Granada. Escuchó con gran atención lo que le contó el marabuto acerca de lo que iba a ocurrir en la llanura, y después dijo a Hassi: