En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Era Bassot, el feroz sargento de los bleds. En el interior de la diligencia estaba sentado un hombre de largos bigotes y aspecto bravucón. TenÃa entre los labios una pipa monumental que sin duda no debÃa funcionar muy bien, porque a cada bocanada de humo lanzaba una serie de imprecaciones contra los cultivadores de tabaco argelino. Este personaje era el terrible subteniente del bled ya casi repuesto de la herida que le causara el puñal de Rayo del Atlas. Sin embargo, no se sentÃa aún con fuer zas para montar a caballo, y habÃa decidido secuestrar por algunos dÃas a una de las numerosas diligencias que hacÃan el servicio de correos entre los pueblos del sur de Argelia. Hacia ya tres dÃas que la diligencia, desde la mañana hasta la noche y haciendo tan sólo algunas breves paradas, corrÃa a través dé las extensas llanuras limitadas por el Atlas, sin haber, llegado aún al campamento de los beduinos. Pero ya no estaban muy lejos de la meta.
Bassot, que conocÃa aquellos lugares, habla tranquilizado al subteniente y no dejaba ni un minuto de tregua al postillón, el cual, ansioso de acabar tal suplicio, descargaba fuertes latigazos sobre los caballos chorreantés de sudor y cubiertos de espuma. Iba a desaparecer el sol, y ya empezaba a obscurecerse el dÃa, cuando. Bassot, dio un grito de alegrÃa:
—Subteniente — dijo distingo las.columnas de humo de los campamentos.