En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Pronto, encerrad a las ovejas— dijo Enrique—. El subteniente, quiere conducirnos cuanto antes al degolladero para saborear nuestras chuletas, como buen antropófago. Los espahis, que a duras penas reprimieron la risa, metieron a Afza, al conde y al italiano dentro de la diligencia, mientras el subteniente se colocaba en el pescante al lado del postillón.
—¿Está todo listo? —preguntó Bassot.
—Si— respondieron los espahis.
—Pues, ¡en marcha! — gritó el subteniente. Tu Ribot, toma el mando del ala izquierda. Viajaremos como palomas mensajeras.
Empezó a rodar la diligencia, flanqueada por los espahis que reÃan y alborotaban. Ribot era el único que estaba triste y tan preocupado además, que ni siquiera respondia a las preguntas del cabo que cabalgaba junto a él. HabÃa recorrido ya la diligencia algunos quilómetros, atravesando llanuras desiertas y áridas, cuando de pronto oyéronse varias descargas en lontananza.
—¡Alto! — gritó en seguida el subteniente ¿Acaso han atacado a los beduinos de El-Madar alguna horda cabilefia?
Hacia el sur levantábase una nube densisima de polvo, producido probablemente por un número considerable de caballos. Las descargas no cesaban, mezcladas con salvajes alaridos de guerra.