En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Bassot dijo el subteniente—, ¿ves algo?
—Nada más que una polvareda.
—¿Y tú, Ribot?
—Lo mismo.
—¡ Mil bombas! Yo represento aqui la autoridad y no permitiré jamás que se realicen, en territorio francés, actos de bandidaje.
—Deje que esos bandidos se destruyan entre ellos, subteniente —dijo Bassot.
—Pero la ley quedarÃa malparada y además, pertenece al más fuerte, y los más fuertes somos nosotros. Ribot, toma, seis hombres y un corneta y corre a ver lo que sucede allá abajo, Apenas esos bandidos se encuentren frente a nuestros valerosos jinetes, huirán como liebres. Si oponen resistencia, manda tocar paso de ataque y acudiré yo con todos mis hombreS. ¡Rayos y truenos! No tolere que se cometan desórdenes en mi presencia. ¿Por ventura no soy un subteniente del ejército francés? Marchate, Ribot, mientras nosotros avanzamos lentamente.
El sargento, cuyo corazón se habla abierto a la esperanza, eligió los siete espahis que debÃan, acompañarle, y partió gritando:
—¡Al galope!