En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —No mateis al sargento gritó Hassi. Disparad sobre los demás. Resonó una tremenda descarga. Los siete espahis cayeron atravesados a balazos, junto con sus monturas. Tan sólo Ribot había salido incólume de aquel diluvio de proyectiles.
—¡Qué has hecho, Hassi! gritó el sargento, mirando con desesperación a sus compañeros.
—Me defiendo, amigo — respondió el moro.
Y continuó, dirigiéndose a sus cabileños:
—Cuatro de vosotros deben quedarse custodiando a este hombre, hasta mi regreso. Me respondéis de su vida con vuestras cabezas. Adiós, sargento, pronto nos volveremos a ver. He visto la diligencia y corro a atacarla, llevando conmigo la cabeza de ese perro de El-Madar. ¡A la carga, hijos del Atlas! ¡Salvad a mi hija!