En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Si, Ribot dijo Miguel Cernazé, de los condes de Sawa—.Es necesario informar de lo ocurrido a Afza y a su padre, pues he jurado no dejar que me conduzcan a Argel.
—Donde dejarÃais el pellejo—respondió el sargento—. Los señores que forman el Consejo de Guerra tienen la mano demasiado pesada y nada les importa la vida de un hombre cuando se trata de legionarios por cuyas venas no corre sangre francesa y que son además disciplinarios. ¿Qué es lo que podrá hacer por vos Afza, señor conde? Me parece algo difÃcil que pueda sacaros de esta celda
—No os preocupe esto, Ribot —repuso el húngaro Saldremos en el momento en que queramos.
—¿Habéis encontrado escondidas debajo del camastro algunas limas?
—Para nada nos servirÃan.
—¡Diablo! ¿Y la reja? No podréis salir más que por allá, porque os advierto que a las dos extremidades del corredor hay dos centinelas.
—Precisamente por esa reja emprenderemos él vuelo mi compañero y yo— repuso Miguel.
El sargento se encogió de hombros y marcó un gesto de duda.
—¿Acaso los húngaros son magos? — dijo después—. La cosa me parece un poco fuerte.