En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Un silencio profundo reinaba en torno al edificio. Enfermos, detenidos, suboficiales y guardianes, extenuados por el calor intenso.que agobiaba después de doce horas de sol ardentÃsimo, dormÃan todos pesadamente, roncando como cerdos. Fuera, sólo paseaban los centinelas, vigilando alrededor de los cobertizos que servÃan de dormitorio a los disciplinarios. Ribot subió por una estrecha escalera y penetró en la enfermerÃa que estaba iluminada por una linterna monumental.
—¡Richard! — llamó en voz baja.
El enfermero, que fumaba un cigarrillo ante la reja, acudió.
—¿Cómo está Steiner? — preguntó el sargento.
—Hace poco ha expirado.
—¡Pobre diablo! Será más feliz, yo creo, en el otro mundo.
—Yo también lo creo asi, sargento.
—¿Ha dicho algo antes de morir?
—Ha invocado por tres veces a su madre.
Ribot descendió por la escalera, moviendo tristemente la cabeza.