En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Aquà dentro hay algo dijo.
—Si es verdad que estás dispuesto a ayudar la fuga del conde y de su compañero, no me interrogues sobre esto. Te pregunto si puedes entregarlo sin que nadie lo advierta.
Ribot vació su morral, que estaba lleno de alondras y perdices, y colocó en su interior el panecillo, cubriéndolo con media. docena de volátiles.
—Ya está—dijo después—, Ofrecerás a tu hija el resto de la caza. Espero que ahora no te negarás.
—¿Me juras por Alá...?
—Por Alá te juro que esta misma tarde pondré el panecillo en manos del conde. He prometido hacer lo posible por salvarle y mantendré mi palabra, cueste lo que cueste. Yo también he caÃdo en brazos de la Legión extranjera por las mismas causas que Cernazé y ml deber es ayudarle aunque pertenezcamos a distinta nacionalidad, Adiós, Hassi-el-Biac; no tengo tiempo que perder. Saluda de mi parte a tu hija y procura tener dispuestos los maharis, pues ya sabes que los, espahÃs montan buenos caballos.
—Espera un momento, sargento. Ven conmigo.
Dirigiéronse hacia donde se hallaba el rebaño. Al llegar allÃ, dijo el, moro a Ribot:
—Toma el cordero que más te guste.
—¿Para qué?