En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Para comerlo con tus camaradas.
—Me harÃa perder demasiado tiempo. Están muy gordos no andarÃa aprisa.
—Escoge, pues, el mahari que más te convenga.
—Prefiero los caballos del bled. Son más cómodos que los jibosos camellos.
—Ven entonces un instante a ml tienda.
—¿Quieres acaso darme otro panecillo, Hassi-el-Biac? No sabrÃa en dónde ponerlo.
El moro sacudió la cabeza sin responder y volvió atrás como avergonzado.
—Son muy ingenuos estos árabes —murmuró Ribot.
Entraron ambos bajo la espaciosa tienda con el pavimento cubierto de bellas estofas de colores, tapices y adornada con divanes muy bajos colocados a su alrededor. Hassi-el-Biac se detuvo ante un montón de tapices de los cuales separó cinco o seis, dejando al descubierto dos antiguos cofres de madera de cedro.
Se quitó entonces del cuello una cadenita de plata de la que Cdlgaba una llave algo enmohecida, con la cual abrió una de las óajitú, diciendo a Ribot
—Toma lo que quieras.