En las montanas de Africa
En las montanas de Africa El sargento no pude contener un grito de asombro. El cofre estaba lleno de cequies de la antigua república de Venecia: Dichas monedas, que algunas veces emplean los moros para engalanar a sus mujeres, se encuentran tan sólo entre los árabes de la Tripolitania meridional, de Túnez y de Argelia, las cuales conservan cuidadosamente, sirviendo aquellas monedas de ornamento a las moras.
—Toma lo que quieras —repitió Hassi-el-Biac.
Ribot retrocedió vivamente y contestó con voz resuelta:
—No, Hassi-el-Biac, Un noble provenzal no se vende. Aunque no sea más que sargento de legionarios, continúo siendo un hombre de honor. Adiós, Hassi-el-Biac, cuenta conmigo.
—Puesto que no quieres aceptar nada, aguarda todavÃa un instante.
Separó un montoncito de tapices y estofas, y cogiendo una cajita de acero maravillosamente trabajada, comenzó a rebuscar en ella, después de abrirla con una llavecita de oro, algunos objetos preciosos.
—Dame la mano — dijo a Ribot. Tú no rechazarás una sortija que ha de recordarte siempre a Afza, porque forma parte de su dote.
Le cogió el dedo pequeño y le colocó una sortija de bastante peso, adornada con una gruesa turquesa.