Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —No lo sé; no estuve presente en el acto combate. Cuando por la mañana salà al rÃo para ir a pescar a la costa, todo habÃa acabado; sólo vi sobre el banco de arena el casco de la cañonera destrozado.
El patrón iba a continuar su interrogatorio; pero Hong le hizo una seña, y le dijo en chino:
—Luego averiguaremos lo demás. Déjame a mÃ.
Tseng-Kai dio orden a un marinero de que llevase al malayo una botella de sam-sciú —fuerte licor muy apreciado por los chinos, y que se obtiene por la fermentación del arroz—, algunos paquetes de tabaco y un kriss, diciendo:
—Ahora nos llevarás a ver el casco de la cañonera; ¿verdad, buen mozo?
—Cuando queráis. Os advierto que el rÃo está muy recorrido por los piratas, y os aconsejo que vayáis muchos.
—Con cuatro de nosotros bastará.
—Son pocos. ¡Tenéis tantos hombres a bordo!…
—No podemos abandonar el junco.
El malayo pareció contrariado, y añadió:
—Por lo menos, embarcaremos el cañón.
—Hace falta para la defensa de la tow-meng.
—Sea; pero, si nos asaltan, trataréis de defenderme, ¿eh?