Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Verdad —afirmó la doncella, moviendo melancólicamente la cabeza—. Todo habrá ido a parar al mar.
—No importa; basta que encontremos el casco para asegurarnos de que naufragó aquà la…
—¿Y después?
—Después, ya veremos lo que conviene hacer.
—¿Esperas que hable el malayo?
—Ese hombre sabe mucho, y cada vez me convenzo más de que tomó parte en el asalto. A su tiempo se lo haremos confesar, Than-Kiu.
—¿No lo dejarás libre?
—No, hija mÃa; ya que hemos tenido la suerte de echar mano a uno de los asaltantes, no lo dejaremos tan pronto.
—Pero ¿crees que sea un pirata?
—Estoy seguro de no engañarme.
—¿No nos tenderá un lazo?
—Tratará de hacerlo, como también tratará de hacer sorprender al junco.
—¡Oh!
—No te quepa duda. No le he quitado ojo, y he podido apreciar cómo se fijaba atentamente en el armamento de la tow-meng. Pero si él es astuto, yo lo soy más.
—¿Nos guiará adonde naufragó La Concha?
—¿Por qué no? Quizá le conviene separarnos del junco; pero a la primera sospecha le rompo el cráneo con la culata del fusil. ¿Eh?…