Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿Contendrían algún narcótico el bram y los cigarrillos?
Se acercó a Than-Kiu y la tocó; la simple presión de su mano fue bastante para despertarla. Iba a preguntarle lo que deseaba, pero se detuvo al ver que el chino, con un dedo sobre los labios, la recomendaba silencio, diciéndole luego al oído:
—Than-Kiu, estamos vendidos.
—¿Nos ha hecho traición el pescador?
—Sí; nuestros compañeros han bebido con el bram algún poderoso narcótico, y no hay medio de despertarlos.
—¿Y el traidor?
—Calla, y oye.
Escucharon y oyeron abrir con precaución la puerta de la cabaña; alguien entraba con ligero paso.
—Sí, Hong, estamos vendidos; pero no nos dejaremos sorprender. Dame mi fusil y veremos lo que sucede.
Después invitó al chino con una seña a acercarse junto al tabique que dividía la choza.