Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Si está anclado en la boca, puede huir, orang-kaja.
—Hay bancos de arena en la boca; mandaremos algunos hábiles nadadores a cortar las amarras del áncora, y, antes de que se den cuenta los chinos, la marea les hará encallar.
—Repetiremos el juego de la cañonera.
—Si; ¿están todos prontos?
—Dentro de dos horas estarán embarcados.
—¿Y los paraos?
—Han sido avisados para que corten la retirada al junco.
—¿Y estos hombres?
—Los prenderemos mañana, no temáis; la moza me gusta mucho.
Dicho esto, el pescador y sus compañeros salieron. Hong tuvo impulsos de precipitarse sobre los tres bandidos, pero la joven le detuvo.
—¿Qué hacemos, Hong?
—Alcanzarlos y matarlos.
—SÃ, y luego caer en una emboscada, porque esa gente no está sola; y, además, no salvar el junco de Tseng-Kai.
—¿No has oÃdo la última parte? ¡Por Fo y Confucio!… ¡Mientras yo viva, ese canalla no te tocará!