Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Chino y malayo precipitáronse hacia la dama, exclamando:
—¡Ama!…
—¡Than-Kiu!…
La jovencita pareció no oÃrles ni verles, pues no cambió de actitud; parecÃa contemplar una terrible escena muy lejos, muy lejos. Sheu-Kin la sacudió dulcemente y dijo:
—¿Qué ocurre, Than-Kiu?… ¿Qué miras con tanta fijeza?… ¿Qué temes?… ¿No estamos aquÃ, niña?… ¿Qué imaginación pavorosa turba tu cabecita?
La joven inclinóse hacia adelante y, cogiendo al uno por el brazo, murmuró con voz trémula:
—¡Oh!… ¡Qué horrible ensueño!…
ParecÃa haber vuelto en sÃ; pero fue un relámpago; volvió a fijar sus miradas en el techo, y su rostro recobró la pavorosa expresión de antes. ¿Soñaba todavÃa o deliraba?…