Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Dicho esto, llamó a cubierta a toda la tripulación, compuesta de quince robustos jóvenes que habían luchado contra los terribles piratas del Tonkín; mandó calzar el ancla con la zapata y ordenó que subieran a cuatro de los más fuertes una pesada caja que tenía en su camarote. Abierta por Tseng-Kai, rodaron por cubierta miles de pelotillas de metal, gruesas como nueces y erizadas de agudas puntas, que cubrían casi por completo desde la popa a la proa. Eran más de tres millares, inofensivas o poco menos para los marineros, calzados con zapatones de recia suela, pero terribles para los que van descalzos, y muy usadas por los barcos que ejercen la trata de culies, o sea de emigrantes chinos destinados a las minas de salitre y guano de Chile y del Perú, cuando se rebelan los pobres diablos, hartos de ser maltratados, como se maltrataba a los africanos esclavos en los barcos negreros. Sembrada la cubierta de esas pelotillas, los culies, desnudos de pies, tienen que detenerse y retirarse al entrepuente, si no quieren hacerse exterminar por la tripulación, refugiada en el castillo de proa, y que no tendría escrúpulo en hacer uso contra ellos de las armas de fuego.