Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Gracias, Than-Kiu; pero no quiero verte triste como esta noche.
—No lo estaré más.
—No quiero ver lágrimas de dolor en los ojos encantadores de la más hermosa hija del Celeste Imperio.
—No lloraré más, Hong.
En aquel instante Pram-Li se levantó, y dijo:
—¿Me toca ya a mà la vela?
—Lo creo inútil, porque apunta el alba y velaremos todos juntos.
—Sea bienvenida y anuncio de un buen dÃa.
—Para no será el mejor de mi vida —exclamó el chino, mirando a la doncella, que se ruborizaba—. Que vengan Pandaras y sus bandidos; los echaremos a la laguna para que hagan compañÃa a los cocodrilos.
—¿Eres brujo? —dijo el malayo, levantándose bruscamente.
—¿Por qué lo dices?
—Porque veo que avanzan cautelosamente por la lengua de tierra formas humanas.
Alzáronse Hong y Than-Kiu, y a la escasa luz del alba, que se difundÃa por el cielo reflejándose en la llanura, vieron formas, indecisas aún, pero más bien de hombres que de animales, que avanzaban, en efecto, por la lengua de tierra.
—¡Por Fo y Confucio!… ¡Son hombres!…