Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Porque no piensas sino en él, y destroza tu corazón su recuerdo.
—Es cierto que pienso en Romero, no intentaré negártelo, amigo mÃo, pues soy leal; pero te engañas si crees que padezco porque no me ama. Cuando fuiste a mi casita la tarde en que me hiciste huir, lloraba el desamor de Romero; la herida era demasiado reciente… Pero ahora, ya el amor se ha trocado en rencor, y acaso se cambie en odio más adelante. He pensado mucho en él, he llorado y sufrido atrozmente, pues ya sabes que nosotras las chinas amamos con toda nuestra alma, Hong; mas ahora, ¿a qué llorar más ni qué esperar? ¿Qué abandone a la doncella blanca? Cuando no lo hizo aquella noche fatal, que debÃa ser la última de mi hermano, no lo hará jamás.
—Y, sin embargo, llorabas.
—Cierto; no se puede de un golpe olvidar, destruir el pasado, hacer callar el corazón, ni hacer brotar nuevos sueños de las hondas raÃces que en nuestra alma echaron los antiguos.
—TemÃa que te lamentases de haberme hecho concebir esperanzas…
—No, amigo mÃo, no; eres valiente, y la hermana del que llaman heroico Hang-Tu ama el valor.
—Entonces… ¿me amarás algún dÃa, Flor de las Perlas?
—Espera.