Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Por los osos. No serán tan estúpidos los piratas que crean que esos animales se suicidaron.
—Cierto. Fue una imprudencia dejar allá los cadáveres.
—Nos hubieran descubierto lo mismo. ¡Hola! Ya están a trescientos metros. Probemos nuestras carabinas y hagámosles ver que somos adversarios temibles.
El chino, que habÃa sido en su tiempo el mejor tirador de la caballerÃa manchuriana, apuntó cuidadosamente al primero de los piratas e hizo fuego. El pobre diablo cayó fulminado a la laguna, precipitándose sobre su cadáver varios cocodrilos que lo despedazaron en un instante y no dejaron en el agua más que un cÃrculo sangriento.
—¡Buen golpe! —exclamaron Pram-Li y Sheu-Kin, que estaban detrás de Hong.
—Un golpe que los hará prudentes —añadió Than-Kiu.
Los piratas, asombrados por tan excelente punterÃa a tan respetable distancia, se echaron al suelo, escondiéndose en el cañaveral. Poco después, los que iban armados de fusiles hicieron una descarga; pero sus armas debÃan de tener poco alcance, pues las balas no llegaron al islote. Hong dijo irónicamente:
—Eso se llama gastar pólvora en salvas. ¡Si creerán asustarnos con el estruendo!…